viernes, 28 de octubre de 2011

Los orígenes de la Geometría


http://promategeo.blogspot.com/

M. Serres,
Les origines de la géometrie. 
Flammarion, París, 1993. 

La medida y la razón que logra demostrarla unen sin oponer, nos reúnen sin jerarquizar, enseñan que, ni solitarios ni en grupo, los seres humanos no son la medida de todas las cosas. La métrica de una tierra nueva, distinta de todos los lugares hasta ahora consignados y nombrados, se impone objetivamente a esta antigua referencia, exclusivamente humana, en la cual reina la regla relativa y contradictoria. ¡Qué idealista arrogancia, en verdad, creer que nos inventamos todo, según el color de nuestra piel, las torsiones de nuestro lenguaje y las gesticulaciones de nuestras instituciones! No, henos aquí constreñidos a obedecer a algo distinto que nosotros, a una obligación que nuestras medidas no dictan, ni informan ni muestran, a una métrica demostrada, a un universo nuevo, completamente diferente a todas nuestras diferencias. ¡Qué duro golpe para todos los narcisismos colectivos y culturales! Pensar la diferencia, por el placer de medirte... eso es gozar con la guerra y la dominación perenne, ¡descuidar la geometría! Y sin embargo, he aquí que una cultura local, tan singular como cualquier otra en sus particularidades, bloqueada entre la tierra y el mar, por algunas islas y orillas de Jonia, inventa este universal, un buen día casi datable, a pesar o contra sus armas de bronce, sus dioses de piedra, su aristocrática pseudolibertad, su desprecio férreo por los esclavos y los extranjeros, las declinaciones de sus lenguas y los retorcimientos de sus olivos... he aquí un acontecimiento a su vez tan contradictorio, improbable y raro, que detiene la vida entera de un filósofo porque, allí, lo universal parece nacer, justamente, de una diferencia. Ahora bien, la geometría no puede decirse griega, egipcia, babilónica, china o hindú... no porque ella no naciera aquí o allá, en tal o cual mes, sino porque su lengua y los pensamientos que suscita no se refieren, ni por el sentido ni por el tiempo, a ninguna tierra conocida, de Oriente ni de Occidente, del norte ni del sur. Inquietante extranjería: ¿se remontará, entonces, a un origen, fuente o principio, a unos comienzos, sin arrancar de ninguna raíz ni florecer de ningún tallo? Desprendiéndose de cualquier diferencia atribuible ¿qué tierra, dicho de otro modo, mide, pues, la geometría? 

jueves, 27 de octubre de 2011

Acto de la Fundación Maria Deraismes en Oviedo



La historiadora Concha Pedrosa y la feminista y ex-directora del Instituto Asturiano de la Mujer María Fernández Campomanes hablarán hoy sobre el "Feminismo Humanista de Maria Deraismes", en un acto que organiza la Fundación Maria Deraismes en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, a las 7 de la tarde. La entrada será libre.

lunes, 24 de octubre de 2011

El internacionalismo

El internacionalismo en el Derecho Humano surge al poco tiempo de su fundación. Si crear una orden igualitaria era algo novedoso y arriesgado en el siglo XIX más lo era intentar aunar en el mismo seno culturas, tradiciones y filosofías dispares. El internacionalismo de una asociación no es un estado fácil de conseguir, las distancias tanto físicas como ideológicas tienden a ser fuerzas centrífugas. De hecho las grandes divisiones que ha tenido la Orden Masónica Mixta Internacional han sido de carácter nacionalista, ya sea la Grande Loge Mixte de France, Gran Logia Mixta de Chile, la Human Rights de USA, la Orden Delphy griega o la Great Lodge for Men and Women, o por otro lado, ideológicas como la gran logia Eastern Order que agrupa las logias teosóficas escindidas del Derecho Humano. 
Sin duda las escisiones nacionalistas han sido las más comunes, ya sean por personalismos, ya por enfrentamientos con la coordinación central, ya por mutua incomprensión. Es difícil convivir con lo diferente y comprender que pertenecer a una federación es ceder parte de la autonomía propia; la generosidad es la virtud en la que se basa el federalismo.
Actualmente, ya sean ateos, agnósticos, deístas o teístas, trabajen a la gloria del GADU  o al Progreso de la Humanidad, la Orden Masónica Mixta Internacional reúne en federaciones, jurisdicciones o logias pioneras a seres humanos que viviendo sus diferencias se unen bajo una misma Constitución. Tanto para los que trabajan el ritual Escocés, el Norteamericano o las variantes del Inglés, tienen a la  Constitución Internacional como primer y ultimo referente, emanando esta de su primer artículo, titulado: Fundamento de la Orden.

Artículo Primero.

La Orden afirma la igualdad del hombre y de la mujer.


Al proclamar LE DROIT HUMAIN (EL DERECHO HUMANO), la Orden aspira a que ambos logren gozar, en toda la Tierra y en forma igualitaria, de la justicia social, en una humanidad organizada en sociedades libres y fraternales.

Todos sus miembros juran o prometen por su honor sobre este texto que por ser respetado por todos le damos el carácter de sagrado. Sagrado porque ha sido creado y asumido por nosotros, modificado cada cinco años,  referente en nuestro trabajo y una de las tres luces que iluminan nuestras logias.
El texto que sigue, de Vaclav HAVEL, leído en Nueva Delhi en 1994, creo que resume muy bien el espíritu de internacionalista de la Orden, unir lo disperso, asumir lo diferente, convivir desde posturas filosóficas, a veces, contradictorias, pero buscando y potenciando aquello que es común a la Humanidad.
 “Cuanto más atrapadas se encuentran las diversas culturas del mundo por el torbellino único de la mundialización, más se despierta en ellas la necesidad súbita de defender su autonomía original, su alteridad, su autenticidad.


Pero defenderlas, ¿contra quien? ¿Contra la civilización como tal?


Eso sería difícil y no tendría ningún sentido. Entonces cada uno defiende su autenticidad contra un enemigo de substitución, otra autenticidad.


…Pienso que si el mundo actual quiere escapar a los horrores de conflictos cada vez más terribles, solamente tiene un camino posible: debe tratar de insuflar a la civilización que le rodea el espíritu de una coexistencia multicultural. No es en absoluto necesario que los pueblos, las diferentes religiones, las culturas, se adapten unos a otros. Basta con que se acepten unos a otros como socios legítimos e iguales. Ni siquiera están obligados a comprenderse o a entenderse. Basta con que se respeten y honren sus diferencias. Por otro lado, la eventual comprensión y entendimiento solamente pueden nacer en el marco de un respecto mutuo”.

jueves, 20 de octubre de 2011

La sala húmeda


Medio en broma, medio en serio hemos dicho alguna vez que la Masonería es, tanto una sociedad iniciática, como gastronómica. Sin duda, es una exageración, pero algo de verdad encierran estas palabras si lo referimos a lo que ocurre en la Sala húmeda.
Es éste el lugar que los masones nos reservamos para compartir unos momentos de fraternal relajo tras el formalismo ritual de la T.·. Es un espacio de tanta importancia en la vida tradicional de la masonería, que en algunas L.·. antes dejan de tener Pasos perdidos o Secretaria que Sala húmeda.
En la Sala húmeda se sigue fuera del T.·. una parte importante de la T.·., en un espacio profano, pero restringido, y que sólo se abre al exterior en contadas ocasiones. Donde se continúa conviviendo y aprendiendo. Aspecto éste importante, especialmente para el A.·., que no sólo puede, ya restituida su voz, preguntar, intervenir, sino, si así lo prefiere, escuchar con atención, ya que, en no pocas ocasiones, los coloquios entre los HH.·. y Hnas.·. más veteranos le -nos- enseñarán acerca de la Orden, el ritual, los valores o la historia de la masonería, a modo de sesiones improvisadas y complementarias de instrucción.
Participar en los ágapes es una parte no menor de la vida en la L.·., y en la masonería. No es una parte secundaria ni protocolaria de la convocatoria, es, en mi opinión, una parte privilegiada de esa construcción de la fraternidad que en primer lugar se debe dar entre los HH.·. de la L.·. Un espacio en el que los masones nos conocemos personalmente, dejando a un lado los grados, los oficiosen un ambiente informal, donde la ritualizada acción de la T.·. se relaja y deja fluir los afectos y sentimientos.
Al igual que se hace y se es masón por la participación frecuente en las T.·., se continúa ese trabajo en el ágape, que si es una opción no es un espacio y tiempo donde no se pueda practicar la masonería en lo más inmediato y cercano: la convivencia con los HH.·. y Hnas.·. No es un añadido sin más, de trámite, al día en que como masones nos reunimos a reflexionar como mejorar nosotros mismos y cómo llevarlo al exterior.
Estar sólo en la T.·. y no participar de los ágapes, creo que es perderse una oportunidad de oro para aprender de los demás HH.·., y para aportar algo. Que se aprende tanto de la lectura de las planchas como del diálogo, de las bromas y del chafardeo alrededor de la mesa.
En la Sala húmeda “estamos a cubierto”. No estamos en el espacio sagrado del T.·. pero en ella podemos continuar con nuestro lenguaje a resguardo de oídos profanos.
En la Sala húmeda se lima el orgullo y se practica la humildad, cuando como A.·. sirves, cuidas o limpias el espacio que hemos compartido.
En la Sala húmeda podemos poner en práctica la tolerancia que nos permite compartir mesa y mantel con el HH.·. o Hna.·. con el que hemos disentido en la L.·., haciendo del ágape un momento privilegiado para seguir construyéndonos como masones.
He dicho. Ricardo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Educación, pilar de una sociedad libre



El déficit en el erario público parece amenazar uno de los últimos bastiones que quedan del Estado social; la educación, fundamento sobre el que se erige una sociedad democrática.

Se ha desatado el conflicto -de naturaleza política-, entre determinados Gobiernos regionales y los profesores de la enseñanza pública, pero –seamos sinceros- el problema no está en la inexistencia de un modelo público de enseñanza o que el mismo peligre, sino en los perjuicios en las condiciones laborales de los enseñantes.

Educación pública y de calidad, es una de las principales señas de identidad de las sociedades democráticas, pues las desigualdades entre los miembros de una sociedad se reducen considerablemente cuanto mayor es el grado de calidad de la educación, solo se puede achacar la ocurrencia de reducir el déficit público a costa de sacrificarla, al mal gobierno. La enseñanza pública no puede quedar relegada a una especie de servicio mínimo para los pobres o quienes no tienen otras opciones.

Tal planteamiento se encuentra en las antípodas del pensamiento y la practica de los masones, que patrocinan y defienden desde mediados el siglo XIX el ideal de la enseñanza gratuita y obligatoria; una educación pública universal y gratuita, con calidad y con equidad, bien dotada, como instrumento fundamental para la igualdad de oportunidades, para la cohesión social y para el mejor desarrollo de una sociedad conformada por hombres y mujeres realmente libres.

Es un hecho que la financiación pública no garantiza “per se” la equidad, al igual que la suficiencia de los recursos tampoco asegura la calidad. También es un hecho que la democracia española ha sido incapaz en mas de treinta años de crear un sistema educativo que forme ciudadanos de verdad, seres humanos libres, solidarios y cultos.

El Estado ha desviado enormes cantidades de dinero a la enseñanza privada concertada, en detrimento de la pública, no ha diseñado un modelo educativo racional en una ley duradera. Es cierto que la enseñanza pública cuenta con un equipo de profesores y profesionales y bien pagados, al nivel de Francia y Alemania, países con una renta “per capita” por encima de la nuestra, que dicen que no hay seguridad en las aulas, que su labor no es reconocida -¿Qué pensará un barrendero?-, posiblemente que una parte de ellos no estén ni vocacional ni pedagógicamente a la altura de las circunstancias.

También es cierto, en alguna medida, que los padres hemos hecho dejación de nuestra obligación de educar y trasmitir valores a nuestros hijos: en los hogares no hay adultos -han de trabajar de sol a sol para mantener un nivel de vida-; los niños son educados –socialización de la violencia y la estupidez- por la televisión, los ordenadores y las play station; etc.

Llegado a este punto, considero oportuno recordar un escrito publicado en la revista “Vida masónica”, que se editaba en Madrid en 1931:

Un hijo no es un ser inferior a nosotros, y que gracias a nosotros se nos hace un igual. Muchas veces es un ser superior que por las limitaciones de su débil cuerpo físico no puede aún manifestarse enteramente, y nosotros estamos obligados a ponerle en condiciones de que se manifieste por completo, es decir que eduzcan todas sus buenas cualidades; en eso consiste la educación ...
Haz de él un hombre honrado antes que un hombre hábil. Es decir, antes que hacerlo sabio hazle bueno”.

El artículo pretendía aleccionar a los masones sobre la buena educación de sus hijos, sensibilizándoles para que no descargaran la tarea exclusivamente en las escuelas.

Si queremos una sociedad formada por ciudadanos educados en lugar de por súbditos consumidores, es imprescindible que los padres asuman sus responsabilidad y que el Estado sea capaz de hacer una ley de educación democrática y duradera, que dote de medios a los centros públicos, que anteponga la formación de ciudadanos a la de tecnócratas, que la selección del profesorado se haga de acuerdo a su vocación pedagógica, que se cuente con resortes para no dar por perdido a ningún chaval.

El asunto, entiendo que sigue sin soluciones y con pocas ganas de buscarlas. Una vez mas está de actualidad.

He dicho, Juliano

miércoles, 12 de octubre de 2011

Masonería y religión


Hace unos pocos días recibía un mensaje de una amiga interesada en la masonería en el que me preguntaba sobre las razones que las religiones, más bien la religión católica pues no había encontrado el menor rastro de condena hacia la Orden de los Hijos de la Viuda en ninguna otra, esgrimen para condenarnos. Dado que efectivamente prácticamente ninguna religión, excepción hecha de la ya mencionada, nos ha anatematizado parece interesante reflexionar sobre esta cuestión.

Si hacemos un poco de memoria histórica nos encontramos con que ya en sus inicios aparecen en la masonería anglosajona dos personajes directamente ligados a la religión,  Anderson y Desaguliers filósofo hugonote este pastor presbiteriano aquel -es decir seguidores de la reforma y por ello enfrentados a las posiciones del papado-,  y que se encargan nada menos que de la primera compilación legislativa de la masonería que, por cierto en la actualidad y para algunos de nosotros no deja de ser una reminiscencia del pasado a la que nos asomamos con más indulgencia que admiración, dadas algunas de las máximas que exhibe en su páginas y en las que no voy a entrar por ser de sobra conocidas y abundantemente comentadas incluso en este mismo blog en diferentes ocasiones.

A lo anterior debemos unir otra cuestión fundamental y es la diferente visión que sobre algunos temas se da entre los masones y que seguramente está en la raiz de los problemas que la iglesia católica parece tener respecto a la masonería. Como es bien sabido, mientras que la corriente anglosajona es profundamente deista hasta el extremo de llegar a exigir a sus miembros la creencia en algún tipo de divinidad revelada, en la corriente, digamos, continental o francesa -también conocida como liberal y que aglutina a aquellas obediencias que o bien rechazan la presencia del GADU o dejan su invocación a la libertad de sus miembros-, las cosas discurren por otros cauces que llevaron a la masonería a convertirse, de forma paulatina, en baluarte del laicismo y a defender la preminencia de la sociedad civil frente al omnímodo poder religioso que la iglesia católica detentó, y aún detenta, en muchos de los países del viejo contienente. Por otra parte, la defensa de posturas librepensadoras, y su vocación de formación de ciudadanos y ciudadanas libres y por tanto con espíritu crítico, chocaba frontalmente con una manera de entender la vida social que pasaba de forma ineluctable por el predominio del pensamiento basado en la moral católica frente a la razón y el pensamiento libre. Por decirlo en pocas palabras la razón frente a la fe, lo racional frente a lo irracional, la reflexión frente a la creencia ciega.

Tampoco podemos dejar de considerar, y no es cuestión menor, que la co-fundadora de Le Droit Humain, anticlerical militante, y algunas otras mujeres que encontramos en los inicios de la masonería mixta y no solo en Francia (Adelaide Cabete en Portugal es otro ejemplo), eran conscientes de que la situación de la mujer no cambiaría en tanto esta no fuese capaz de dejar de estar sometida tanto el yugo de su marido como al del párroco del lugar, y pudiese ser capaz de reivindicar su lugar en la sociedad en igualdad de condiciones con el hombre. Casi conseguido esto en la sociedad civil es evidente que por lo que respecta a la iglesia romana las cosas siguen más o menos igual que en el medioevo.

De estas dos maneras antagónicas de entender la convivencia social nacería de una parte un anticlericalismo radical, como defensa -que no otra cosa- de algunas cuestiones fundamentales: una escuela pública laica y el librepensamiento, de otra el anatema continuado contra cualquiera que, profesando la religión católica, decidiera entrar en la cofradía de los hombres y mujeres libres, la pena para los practicantes católicos ni era ni es baladí: la excomunión ipso facto, la exclusión de la sociedad de los creyentes.

Bien es verdad que, el paso del tiempo, ha atemperado algo los ánimos -al menos en el campo en el que me encuentro- y el anticlericalismo ha dado paso a una posición de laicismo, militante eso sí, más acorde con el principio de tolerancia y respeto que es marca de la casa en masonería. Tolerancia que no pasa, por supuesto, por ceder ni un ápice en lo que se refiere a la prevalencia de la sociedad civil sobre cualquier forma de moral religiosa, sea cual fuere la religión, que se trate de imponer a una sociedad que debe tratar a todos sus miembros por igual aunque, evidentemente, todos deberán tener en cuenta si el uso de algún derecho choca con sus creencias para no ejercitarlo. Tampoco será admisible la invocación de cuestiones religiosas para dejar de acatar los deberes que la sociedad, nosotros mismos a fin de cuentas, nos impongamos.
  
Y dicho lo anterior y para dejar la cuestión cerrada creo que merece la pena dedicar algunas lineas a la posición de Le Droit Humain, peculiar donde las haya pues ha conseguido aunar en su seno -otra señal distintiva junto a la convivencia de mujeres y hombres en sus logias y el internacionalismo- a creyentes y no creyentes en base al principio fundamental de la masonería "reunir lo disperso" como se recoge en la Constitución Internacional de la Orden: "Respetuosos del laicismo, de todas las creencias relativas a la eternidad o a la no eternidad de la vida espiritual, sus miembros buscan, ante todo, concretar en la Tierra y para todos los humanos el máximo desarrollo moral, intelectual y espiritual, condición primera para que cada individuo pueda alcanzar la felicidad en una Humanidad fraternalmente organizada ..." y aunque este sea un trabajo fatigoso y en el que es necesario echar mano de la llana en más de una ocasión, parece que se va caminando por  una senda que auna tanto el ideario anglosajón como el continental en función de las raices en las que cada federación o logia se sustenta.

Esta sería amiga mía la respuesta, larga lo siento, a tu breve cuestión y que podría resumir en nosotros no tenemos nada contra las religiones, ninguna de ellas, siempre y cuando su práctica se recluya en el más estricto ámbito privado y nadie se escude en ella para tratar de no cumplir sus deberes ciudadanos. Quien no quiere ejercer sus derechos es muy libre de nop hacerlo pues los derechos son eso, derechos, no obligaciones que esas son los deberes.



He dicho

sábado, 8 de octubre de 2011

Tres nuevos libros sobre Masonería

Ya están disponibles los tres libros de  Thérèse Willekens sobre la llamada masonería azul, los tres primeros grados. Editados por la Fundación Maria Deraismes y distribuidos en librerías por Latorre Literaria.

Thérèse Willekens fue miembro fundador de varias logias de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano. En vida ocupó diversas oficialías, entre ellas la de Venerable Maestre, llegando en 1999 a ser elegida Presidenta de la federación belga de su orden.

La Plomada está dirigido al Aprendiz, el primer paso en el caminar masónico, si continúan su camino podrán perfeccionar su oficio con Viajes... (dedicado al Compañero) y akakia (al Maestro Masón). 
 
En sus más de cuarenta años de compromiso masónico le permitieron a Thérèse desarrollar una sabiduría modesta, siempre con una sonrisa. Su ágil sentido del humor y su gentil carácter surgen de su encuentro con los demás y la práctica de lo aprendido en logia. Es este camino decididamente optimista de la Masonería el que nos propone la autora, como vía hacia la felicidad. 


El precio es de 15 euros por libro, 40 euros por los tres si se adquieren en Trisquelion

martes, 4 de octubre de 2011

La Felicidad

Texto de Leon Nissand


“La vida pasa, rápida caravana. Detén tu montura y trata de ser feliz.”
Omar al-Jayyam

¿Existe verdaderamente la felicidad o es solamente una ilusión?
Cuando la evocamos, ya está en el pasado.
Cuando la convocamos: solamente es un mito del futuro…

Y cuando pensamos vivirla, nos asustamos de su fragilidad. Solamente la sabiduría puede hacer aceptar las carencias de la felicidad.

Pero, incluso aunque llegásemos a la sabiduría, todavía existirían los sufrimientos que alejan cruelmente la felicidad. Porque, aunque poseyéramos todo aquello que deseáramos tener, todavía sufriríamos de muchos de las insaciabilidades del ser humano…

Existirían todavía los ruidos que hieren la tranquilidad, la insoportable cortadora de césped de los vecinos, y ese perro de no se sabe dónde, que ladra toda la noche y que llora durante todo el día... 

Existiría el gris que molesta a nuestro deseo de sol, la maldad, los celos, las imprudencias y la desvergüenza de los otros, los inevitables sufrimientos físicos, morales o afectivos que aminoran y deprimen la personalidad … y también ese perro de no se sabe dónde que ladra toda la noche y que llora durante todo el día…

...y las ineptitudes personales o las decepciones afectivas y también la de nuestros seres próximos, y el silencio o el sufrimiento de Dios para el creyente, o la ausencia de una transcendencia tutelar para el nocreyente.

Todo esto parece justificar una amarga constatación de Salacrou:

“Somos mucho más desgraciados en la desgracia que felices en la felicidad.”

La felicidad es eminentemente subjetiva –sus condiciones no pueden ni definirse ni evaluarse por cualquier otro que no sea la persona que la siente. Las modalidades de la felicidad no son ni morales ni inmorales: son a imagen de la conciencia personal…

¿Felicidad en la violencia?

¿Felicidad en el amor?

¿En el estudio?

¿Felicidad en la fe en Dios?

¿Felicidad de un Harpagón sentado sobre su cartera?

¿O felicidad de Diógenes disfrutando de los rallos de sol a la entrada de su tonel?

Los filósofos se han repartido siempre entre dos grandes orientaciones en el tema de la felicidad:

- los utilitaristas piensan que la búsqueda de la felicidad determina finalmente la moralidad;

- los otros, por el contrario, afirman que las obligaciones morales deben ser seguidas independientemente de sus efectos sobre la felicidad.

Ante esta alternativa, ¿hay que preferir una felicidad inmediata basada en unos placeres efímeros o una felicidad diferida basada en el sentimiento de perfección que podemos lograr por una vida virtuosa?

La elección dependerá de la función misma que se le reconozca a la ley religiosa o moral en cuestión: ¿está hecha la ley por los seres humanos o para los seres humanos, o bien los seres humanos están hechos para aplicar la ley que les será impuesta por un poder transcendente que viene de otro lado?

La Declaración de los Principios -consenso de todos los miembros de la Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain”- estipula que:

“… sus miembros buscan, ante todo, realizar en la tierra y para todos los seres humanos, el mayor avance moral, intelectual y espiritual, condición previa para la felicidad que es posible lograr a cada individuo en una Humanidad fraternalmente organizada.”

Este texto solicita una exégesis detallada:

“sus miembros buscan ante todo… realizar en la tierra”: en nuestra tierra de seres vivos –aquí y ahora- y ante todo reenvío a una coyuntura de vida supra o extra terrestre que emana de una creencia subjetiva o de una dogmática religiosa…

“y para todos los seres humanos”: es decir, sin ninguna exclusión de orden sexista, racista, religioso, socio-político o filosófico;

“… el mayor avance moral”: una conformidad progresiva del comportamiento personal con los grandes principios que permiten a los seres humanos vivir en sociedad. Es lo que se designa habitualmente bajo la denominación de “camino iniciático”;

“intelectual”: el francmasón “al seguir siendo un aprendiz toda su vida” aumenta obligatoriamente sus conocimientos intelectuales. Además, la honestidad intelectual impone aprender ante de pretender enseñar;

“espiritual”: la espiritualidad masónica incluye el conjunto de los ideales inmanentes en toda la humanidad, sin rechazar por ello el derecho de cada uno de sus creyentes personales en el campo transcendental: se trata pues de una espiritualidad humanista –la única que podría llevar a todos los seres humanos hacia la paz en la diversidad;

“condición primera de la felicidad que cada individuo puede alcanzar”: es la felicidad de cada individuo la que se desea y no una felicidad colectiva. En efecto todos los tiranos -espirituales o temporales- han atormentado y oprimido a pueblos enteros o naciones para imponerles sus propios criterios de felicidad.

Ahora bien la felicidad no es considerada obligatoriamente como felicidad por los otros. Por eso es indispensable protegerse contra todos aquellos que quieren vestir a los demás con un uniforme de la felicidad políticamente correcta o ideológicamente correcta, porque ese condicionamiento oculta la mayoría de las veces una violación deliberada de las libertades bajo la máscara dolorosa de una felicidad circunstancial.

¿Cuál es entonces el significado de la felicidad?