Juan Torres
Fundación Sistema
Fotos: André Kerténz y Stan Grossfeld
Comprendo perfectamente que son cosas que puede que nada tengan que ver. Que ellos (porque casi todos eran hombres) no son responsables de la cocina de la cumbre. Que quizá pueda ser demagógico lo que les escribo. Pero déjenme decir que el menú de la cena de los dirigentes del G8 que se acaban de reunir en Japón me parece una expresiva paradoja, una imagen que explica bien lo que ocurre en el globo en que vivimos, en donde los líderes disfrutan de solemnes viandas mientras que la mitad de la población mundial se muere de hambre.
Al mismo tiempo que los grandes líderes cenaban “Maíz relleno de caviar” (solo como entrante, of ocurse!) cientos de millones de personas tienen que dejar de adquirir cereales porque los especuladores han decidido que su subida de precios como consecuencia de la derivación de la producción hacia los biocombustibles es, para colmo, una buena oportunidad para resarcirse de las pérdidas en los mercados financieros.
Y mientras tomaban unos delicados “Bulbos de azucena y ajedrea” también millones de agricultores doblaban la espalda en los empobrecidos campos del tercer mundo para cultivar flores o frutas de primor con destino a los países ricos, plantaciones que el Fondo Monetario Internacional les impuso para sustituir a las que antes se destinaban a alimentar al mercado interno de sus naciones. Provocando así a continuación un efecto inevitable de desabastecimiento, costosas importaciones a renglón seguido y hambre y pobreza en la población, aunque grandes beneficios para las multinacionales y los consumidores ricos.


