La serpiente es un antiguo símbolo que aparece en casi todas las culturas, pero con significados opuestos. Si nos remontamos al Antiguo Egipto, vemos que las serpientes ocupan un lugar importante en su visión cosmológica. Uadyet (la cobra) era la «Señora del Cielo», símbolo del calor ardiente del Sol y la llama del fuego. Representaba la fuerza del crecimiento, la fertilidad del suelo y de las aguas en la mitología egipcia. También nos encontramos con Mehen, una deidad benéfica que siempre se representa como una serpiente. Su nombre significa "la que se enrosca" y encarna las fuerzas regenerativas de la tierra. Se la representa con numerosos pliegues que cobijan la gestación mítica del sol nocturno en proceso de transformación. Dos serpientes representa a su vez el Alto y el Bajo Egipto, equivalente humano entre las parte más instintiva y la más espiritual.
En algunas mitologías orientales representan la dualidad de género: lo masculino y lo femenino, el Ying y el Yang, al igual que en el caduceo de mercurio. En las representaciones de Shiva, se ve que en su frente aparece una serpiente (cobra) que representa a la Shakti, la sabiduría femenina. Shakti en la filosofía hindú es esa potencia generadora de la diosa madre, y la historia de Shiva y Shakti es la historia de la búsqueda de la otra parte de nosotros mismo, el reencuentro con nuestra totalidad la unir los opuestos. También encontramos en el tocado de los faraones egipcios esa misma cobra.
En muchas culturas encontramos una serpiente o un dragón enroscada en la base del Árbol de la Vida, impidiendo al hombre apoderarse de sus frutos; se simboliza así la gran dificultad que existe para obtener la sabiduría.





