viernes, 25 de mayo de 2012

Esclavitud hoy



Trabajo infantil, dumping social, precariedad laboral, endeudamiento creciente, pérdida de derechos sociales y un largo etcétera que me imagino otras Hermanas y Hermanos han desgranado o lo irán haciendo en sus trabajos sobre la cuestión social que aprobamos como trabajo para el presente curso. Me vais a permitir que me adentre en los vericuetos de otra esclavitud menos evidente pero que nos atenaza desde el último cuarto del pasado siglo y que, a pesar de todo, no parece que tenga visos de aflojar su garra en el presente.

Estoy hablando de la fiebre consumista, sin la menor duda inducida, que nos lleva a situaciones como la ya anotada del sobre-endeudamiento, y por ende a convertirnos en auténticos esclavos de quienes detentan la capacidad de permitirnos mantener esa adicción. Nuestra sociedad se ha ido atando a la cadena del consumo hasta límites que pueden llegar a ser considerados como una auténtica patología y que arrastran consecuencias tan nefastas como ir añadiendo cadenas adicionales a la que comento.

No voy a pecar de ingenuo y considerar que el asunto que trato es de mayor importancia que algunos de los señalados en el primer párrafo de este trabajo, pero sí desde luego me interesa resaltar que mientras que deshacerse de las cadenas que nos imponen muchos de aquellos requiere de una acción colectiva, éste simplemente, simplemente es quizás una manera de hablar mediante una frase hecha puesto que no es fácil como ocurre con todas las adicciones, nos exige la toma de conciencia personal de que nos encontramos inmersos en una de la que con nuestra voluntad podemos liberarnos. Se trata de realizar un acto personal de rebeldía contra una forma de vida que sabemos perjudicial para nosotros y, en una mirada más allá, para el conjunto de la humanidad.

He dejado apuntado que esta es una situación a la que se nos ha conducido, tal vez, pero no podemos negar, de ningún modo, que no hemos opuesto la menor resistencia a ello. A partir de los años 80 se creó una cultura del dinero, del poseer, que invirtió los valores que habían sido el paradigma válido hasta entonces. La cultura del esfuerzo fue sustituida por la del triunfo rápido y buena muestra de ello fueron los nuevos modelos que se presentaban a los jóvenes, la parte más vulnerable de la sociedad: asistimos al ensalzamiento de indivíduos que alcanzaban notoriedad y dinero sin esfuerzo y sin méritos, al mismo tiempo los valores de mérito y esfuerzo se iban diluyendo, la consecuencia de todo ello fue el nacimiento de una sociedad acrítica con una única preocupación, el consumo. En esta situación resultaba fácil ir añadiendo nuevas cadenas y aumentando los niveles de esclavitud. 

Así llegamos a la situación perfecta, una sociedad esclava que no se percata de ello lo que facilita la tarea de ir añadiendo nuevas cadenas o recargando las ya existentes. Quizás nos toque a nosotros como masones, aunque no exclusivamente, dar un toque de atención y tratar de despertar a nuestra aletargada sociedad.


He dicho, Pedro-José Vila

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