sábado, 19 de febrero de 2011

Belén de Sarraga



Un apasionante artículo sobre la librepensadora, republicana federalista, masona Belén de Sarraga, fundadora de la Federación argentina de El Derecho Humano y defendora a ultranza de los derechos femeninos, escrito por el hermano Mauricio Campos del Centro Argentino de Estudios Masónicos (CAEM)

http://mauriciocamposmasoneria.blogspot.com/2011/01/belen-de-sarraga-vida-y-revolucion_22.html

De los tiempos donde la lucha por el Laicismo y la Democracia chocaba con la intransigencia religiosa y el enroque de los privilegiados, el hermano Mauiricio nos rescata este poema de Belén de Sarraga.

"La fe ha muerto".

La fe ha muerto -¿qué cosa es la fe?- una virtud
sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que
Dios ha revelado y lo que la Iglesia nos enseña.

¡La fe! una palabra que allá en otro tiempo al hombre
hizo esclavo de negra reacción,
ahogando en su pecho la idea bendita
de afán de progreso, de noble ambición.

¡La fe! con su nombre por santa bandera
triunfante y altivos llevaron doquier,
la burla, el escarnio, la hoguera, el suplicio,
los negros sectarios del Dios de ayer.

Queriendo su vida pasar en la holganza
queriendo al trabajo sus brazos negar
hicieron que el hombre viviera ignorante
pudiendo los pueblos así dominar.

Historias y cuentos sin fin ilustraron
y uniendo dislates pudiendo fingir
fantásticos credos en donde incoherentes
lo real y lo falso pretender unir.

Hicieron divinos los mitos de oriente
los reyes paganos divinos también
fingieron infiernos con lúgubres llamas,
y un cielo, una especie de mágico edén.

Y vírgenes castas y santos benditos
y grandes milagros supieron forjar,
y cuando salvó un cuento razón
y cuando a algún cuento razón no encontraron
"misterios" -dijeron- que es a fuerza acatar.

Y en él razones creer, sin conciencia
de si es malo o bueno, de cómo y porqué,
creer sin fijarse si es cierto o fingido,
creer ciegamente, que ciega es la fe.

Y estúpidas turbas a ciegas creyeron
viviendo engañadas por negra maldad
de hipócritas seres que en nombre de Cristo
haciéndose dueños de la Humanidad.

En vano asustada de tanto sofisma
se alzó protestando la sana razón;
que ahogó sus palabras el vil despotismo
prendiendo la hoguera de la inquisición.

Cree o te condenas, -dijeron primero,
cree o te quemamos, -dijeron después,
y en el espanto lograron que el mundo
al fin se postrara besando sus pies.

Y luego de opresas así las conciencias
tan solo los que iban de vil lucro en pos
mirando lo humano por fin dominado
el oro exigiendo en nombre de Dios.

Pagóse el bautismo, pagóse la gloria,
de amar, el derecho también se pagó,
y tanto vendieron que, a cambio del oro
aún el mismo crimen, se santificó.

Sin fe no es posible la vida en el cielo
dijeron al pueblo
ten fe y salvarás; sin fe te condenas de fijo...
¡Falsarios! la fe en lo increíble no salva jamás.
La fe en lo grandioso; la fe en lo divino
la fe por lo bueno; la ciencia, el amor
por todo lo justo, por todo lo grande
justicia, progreso, virtudes, honor.

La fe en el empeño del ser que pretende
con pérfido anhelo a la luz difundir,
en el que a Natura, secretos dando,
la ciencia a laureles anhela adivinar.

La fe en ese día se guarda el mañana
de gloria y fortuna de dicha sin parar
en que los hombres, sin viles tiranos,
iguales se juzguen y sépanse amar.

Para esos anhelos, la fe y el trabajo,
no torpe se ciega, la fe que da luz,
y con noble empeño procura incesante
de ruda ignorancia rasgar el capuz.

La fe ha oprimido, la fe que un día
con loco cinismo la hoguera encendió
ya ha muerto potente, herida de razón,
en la hora bendita (...) dominó.

Y huyeron con ella los buenos sofismas,
los dioses de barro, de tela o papel,
las miles bendiciones pagadas con oro,
y de excomuniones el necio oropel.

La fe ha terminado, matóla el progreso,
que ya en los cerebros comienza a reinar;
su paso destruye la ciega ignorancia,
e intenta la noble Justicia encumbrar.

¡Volved a la nada, divinos engaños!
¡Rodad por el polvo, mentir y fingir
que allá, sobre el trono que ha alzado la ciencia,
va a dar a luz un mundo la diosa razón!

1 comentario:

Anónimo dijo...

El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud la duda.
Carl Sagan