lunes, 16 de agosto de 2010

EL viaje perpetuo

No solía mirar hacia atrás, pero había llegado uno de esos momentos en los que hay que tomar perspectiva del viaje realizado. Rememorando los tiempos pasados, el maestro recordaba los días previos a su iniciación. Los deseos de encontrar algo grande, de sacar su vida de lo común y lo cotidiano, la curiosidad y por qué no decirlo, incluso unas gotitas de ambición.
Por aquél entonces pensaba que había llegado allá donde podía llegar en soledad. Necesitaba compartir sus inquietudes con alguien más, y algo que comenzó como un juego le estaba a punto de brindar esa posibilidad.

La iniciación fue todo un desafío, una plétora de interrogantes se había dispuesto ante él y sin embargo no divisaba ninguna respuesta. Había entrado en un mundo que no alcanzaba a comprender. Su mente seguía confusa. Los primeros tiempos siempre son duros. ¿Era aquello lo que había estado buscando?

Símbolos y rituales que se iban haciendo familiares, desconocidos que dejaban de serlo. Pero, ¿cuál era el objetivo de todo aquello, cuál la razón? Había llegado esperando encontrar respuestas pero allí solo aparecían preguntas y más preguntas, al menos eso pensaba por aquel entonces. Ante aquel panorama la duda y el rechazo se abrieron un pequeño espacio entre su voluntad y su curiosidad. ¿Por qué negarlo? Todo parecía ser un obstáculo, un nuevo muro de espino que se alzaba ante él. Y así acompañado de la duda siguió caminando, al paso que pudo.

Siguió caminando…. Y encontró no una mano, encontró las de todos aquellos hermanos y hermanas que se tendían hacia él, más o menos directamente, por medio de una palabra, un gesto; se fueron convirtiendo en las moradas del camino. Fueron la experiencia que él aún no tenía. Volvió a mirar lo que veía todos los días. Escucho de nuevo. Y a solas consigo mismo descubrió el compromiso que había arraigado en su interior. Conocía bien las herramientas con las que había estado jugando tanto tiempo. Se puso a trabajar, tal como anduvo antes, a su propio ritmo…..

El maestro abrió los ojos y sonrió, seguía necesitando de otras luces, seguía habiendo preguntas por contestar. Se alzó, y continuó caminado, a su propio ritmo.

2 comentarios:

Spartacus dijo...

El problema es que el maestro y la maestra siempre caminan solos. Incluso haciendo el viaje en compañía de otros iguales estará solo antes sus propios dilemas y retos, no habrá quien le alumbre, en el mejor de los casos alguien le tenderá una mano amiga para ayudarle a dar el paso difícil, o quizás un empujón en la dirección que había previamente elegido, e incluso y con mucha suerte encontará a alguien que le haga reconsiderar algún juicio, alguna opinión, repensar lo ya pensado.
Pero al final seguirá solo, tremendamente solo pero feliz porque está en eun viaje libremente elegido.
He dicho

Didacus dijo...

Un post muy hermoso...